Datos y conocimiento local: la apuesta del Área Metropolitana del Valle de Aburrá a través del proyecto SIATA por la cartografía comunitaria

Publicado por Mar Marín Villagrana, Juan Arellano Valdivia • 14 de abril de 2026

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El Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá es una de las infraestructuras de monitoreo hidrometeorológico más avanzadas de la región. Este es el relato de cómo su equipo encontró en la cartografía comunitaria una herramienta para llevar esa capacidad técnica hasta donde los datos aún no llegan.

El Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA) opera más de 1.400 sensores, procesa cerca de 18 millones de datos al mes y genera alertas hidrometeorológicas que protegen a millones de personas en la región metropolitana de Medellín. Pero hay una brecha que los sensores no pueden cerrar solos: ¿cuántas viviendas están realmente en riesgo detrás de cada alerta? ¿Dónde priorizar cuando hay que decidir rápido? Para responder esas preguntas se necesita otro tipo de datos, aquellos que viven en el territorio, en la memoria y en el recorrido cotidiano de quienes lo habitan.

Esteban Rivera, hablando del proyecto estratégico de SIATA: las comunidades usan e impulsan la cartografía, logrando que las estrategias educativas se fortalezcan

Si no estás en el mapa, ¿cómo te protege una alerta?

El componente de Apropiación Social del Conocimiento, desde su línea educativa encontró la manera de hacerlo posible. Esteban Rivera, ingeniero ambiental del componente, lo describe así:

Colocamos en Google Maps cómo dirigirnos de Medellín hacia la escuela rural y no había información del territorio. Entonces nos cuestionó y nos hizo replantearnos qué tipo de herramientas, desde lo digital, desde la cartografía social, pueden funcionar para eso. La escuela en cuestión queda en Pantanillo, vereda en los límites entre Barbosa y San Vicente Ferrer, a menos de hora y media de Medellín. Un territorio que pertenece al Área Metropolitana del Valle de Aburrá y que era invisible para las plataformas digitales convencionales. Esa invisibilidad tiene consecuencias directas: si no sabemos dónde están las comunidades, tampoco sabemos cómo protegerlas.
Fotografías cortesía de SIATA

Del mapa analógico a la plataforma abierta

El proceso de SIATA no empieza con una pantalla. Empieza con maquetas del Valle y de las cuencas locales, con la tarea de que los estudiantes les pregunten a sus padres cómo era el territorio que habitaban, realizando cartografías manuales. Rivera lo describe:

Íbamos paso por paso nombrando ese recorrido desde el lugar de residencia hasta la escuela. Hacíamos que colocaran puntos de referencia: dónde se sienten seguros, dónde reconocen amenazas, si ha habido inundaciones, incendios forestales, movimientos en masa." Solo una vez que ese conocimiento está activado, el proceso migra a herramientas digitales. El salto no es tecnológico, es de reconocimiento.

Hoy SIATA trabaja con tres plataformas de mapeo abierto: el Tasking Manager para orientar voluntarios en proyectos colombianos de OSM; Mapillary para registrar visualmente territorios rurales que no existen en los mapas convencionales; y ChatMap en contextos urbanos complejos como el barrio La Honda, en la periferia oriental de Medellín. Más de 100 personas han sido formadas en estas herramientas, y la cartografía digital ya tiene su propio módulo formal dentro de la estrategia de territorio de SIATA.

Lo que el territorio enseña al sistema

Tres años de trabajo con comunidades urbanas y rurales en todo el Área Metropolitana, en lugares que no tienen conectividad a internet ni acceso vehicular, han dejado al equipo de SIATA con una comprensión más compleja de lo que significa mapear para proteger. Las lecciones son técnicas, pero también son humanas. Han aprendido que no todos los territorios permiten las mismas herramientas. Han aprendido que la conectividad es un problema de equidad antes de ser un problema tecnológico. Han aprendido que cuando un estudiante ubica su casa en un mapa por primera vez y nombra la quebrada que cruza por su barrio, algo cambia en su relación con el riesgo. Ya no es algo que le pasa, es algo que puede leer, y eventualmente anticipar.

La cartografía digital ya hace parte formal de las estrategias de SIATA, tiene su propio módulo dentro de la formación de territorio, con presentaciones, metodologías y resultados sistematizados. Pero el equipo sabe que hay un piso mínimo que todavía falta:

Necesitamos más capacitación. Contamos con profesionales dispuestos a realizar cursos, ya sean intensivos o en otro formato, para que podamos desarrollar mayores capacidades en el uso de herramientas digitales y la relevancia que podemos darles en entornos educativos y comunitarios.

La gestión del riesgo de desastres en contextos urbanos y periurbanos complejos depende, entre otras cosas, de la calidad de la información disponible. SIATA lo ha entendido desde su fundación y ha construido una infraestructura técnica que pocas ciudades de la región pueden igualar. Pero la información técnica tiene límites donde el territorio no ha sido nombrado, cartografiado, ni reconocido.

El trabajo que está construyendo SIATA no es un proyecto piloto menor. Es una apuesta por democratizar la producción de datos territoriales, por reconocer a las comunidades como actores capaces de tomar decisiones para su propia protección, y por construir sistemas de alerta que lleguen a donde los sensores solos no pueden llegar.

El Valle de Aburrá tiene 1.400 sensores. Y también tiene comunidades que conocen su territorio con una precisión que ningún sensor puede replicar. La tarea es conectarlos.

ChatMap SIATA

Lo más notable de esta experiencia es precisamente lo que no requirió: una intervención profunda de HOT. Bastaron un par de encuentros y la participación de Esteban y otros miembros del equipo en algunos de nuestros webinars para que, con esas herramientas como punto de partida, SIATA se lanzara a apropiárselas y aplicarlas directamente en el territorio.

Los resultados hablan por sí solos, y hoy el equipo de SIATA está listo para llevar estas metodologías a más comunidades. A veces, lo más valioso que puede ofrecer una red de conocimiento abierto es exactamente eso: encender la chispa y dejar que otros la lleven más lejos.

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